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Estas piezas en origen se trataban de unas contraventanas caprichosamente decoradas con policromía. Abandonadas en un pajar, probablemente porque por su ruptura no podrían seguir cumpliendo su función, llegaron al taller con idea de ser recuperadas como objeto decorativo, transformándolas al mismo tiempo en un objeto funcional ajeno a su uso inicial. El trabajo de limpieza resultó difícil, ya que dado su mal estado la policromía no era capaz de aguantar ningún tratamiento agresivo, además faltaba uno de los laterales de una de las pieza, así como dos cuarterones y algunas de sus molduras decorativas.
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Se realizó el lateral del bastidor para poder ajustar los cuarterones y se reintegró pictóricamente de forma imitativa. En cuanto a los cuarterones que aun se conservaban uno de ellos estaba prácticamente lavado por lo que de nuevo se aplicó una reintegración imitativa colocándose después uno en cada contraventana sustituyendo los perdidos por espejos, a los que se sometió a un tratamiento de envejecido para dejarlos más acordes al estado general de las piezas.
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