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El trabajo de restauración al igual que todas las profesiones posee unos principios básicos a seguir, y una serie de procesos que suelen ser habituales y comunes a casi todas las piezas. El paso del tiempo suele producir patologías similares que varían dependiendo de ciertos factores ajenos a la realización de la pieza pero íntimamente relacionado con ella. Así la humedad o el calor producirán un efecto similar en todos los muebles independientemente de su tipología o función, pero totalmente diferentes en una obra policromada. Paradójicamente, al enfrentarnos la mayoría de las veces con objetos de una cierta edad, y de calidad artesana, estas piezas se convierten en objetos únicos, con vida propia resultando curioso comprobar la cantidad de ocasiones en las que reflejan sus desperfectos, procedentes de una misma fuente, de forma diferente a la habitual. En estos casos, la norma a aplicar no suele servir, los productos habituales resultan ineficaces, los tratamientos tradicionales no son aplicables por las características propias de la pieza, o simplemente se presentan gran cantidad de problemas nuevos a los que nunca antes el restaurador se había enfrentado. En otros casos las necesidades del cliente hacen que el trabajo de restauración abandone sus caminos habituales, y le obligue a realizar trabajos, de otras disciplinas pero aplicadas con los propios criterios de respeto a la pieza, permitiéndonos crear obra nueva (reproducciones o trabajos de ebanistería) o transformar objetos que ahora consideramos inútiles para poder darles una nueva función y así convertirlos de nuevo en un objeto funcional (Transformaciones).
Es en todos estos casos en los que hay que emplear un alarde de imaginación, profesionalidad y habilidad, para conseguir que la obra recobre su vida, su esplendor, y demuestre su antigüedad y encanto producido por el paso de los años, pero no sus daños.
Serán estas pequeñas características de cada obra, estos arreglos fuera de lo normal, lo que resulta un gran aliciente para el restaurador, que se verá obligado a ir evolucionando, a estudiar nuevas técnicas y materiales o a desarrollar, transformar o aplicar técnicas de carácter artesanal, que si bien no se consideran propias de la disciplina, aplicándose con los criterios adecuados (estudio histórico, reversibilidad, etc.) resultan útiles y acertados, y consiguen que el restaurador alcance sus fines.
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